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En el Ocotlán: Chazumba

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Chazumba no me deja de sorprender, tengo entendido que existen vestigios de la presencia del hombre en los cerros de la Luna, el Ocotlán y el Izote (entre otros lugares más); recientemente se encontraron evidencias de vida humana que podría pertenecer a los primeros pobladores del continente Americano.

Y hablando un poco de eso, personalmente había escuchado años atrás sobre el cerro del Ocotlán, este cerro que encierra (o está encerrado) en misteriosas hipótesis y en supuestos acontecimientos que sin duda son capaces de dejar fascinado hasta al más distraído de los oyentes. No está tan lejos del pueblo; de hecho, está tan cerca que ya forma parte de las referencias geográficas que usa la gente para medir el tiempo o la distancia, pero ¿Por qué es tan especial el cerro del Ocotlán?

Desde sus faldas se advierte la cercanía con el pueblo, y la vista prodigiosa hacia el oeste hace que el matiz de los cerros, que en un principio son de un amarillo árido y rojizo, pase a un tenue azul con las excepciones de la lejanía, que visten sin problemas de morado grisáceo. No es en realidad muy alto el Ocotlán, más bien es una lomita del tamaño de una casa de tres pisos, pero para novatos como yo cuesta subirlo; afortunadamente mi tío iba liderando la subida y haciendo camino entre los arbustos secos, las matas de piñón (¡Cuidado! Que rozarte con sus ramas puede provocarte una picazón de los mil demonios, créeme), los nopales, los cactus enormes, los quiotes, los “Sotolines” (patas de elefante), los desniveles, las piedras y los árboles secos. Pero vayamos al grano, que muero de ganas por contarles lo interesante…

Se dice que el cerro del Ocotlán no es un cerro formado de manera natural, si no que fue (o ha sido) desde cientos (o miles) de años, una construcción de forma piramidal (un templo, un monumento, habitación ó incluso quizá, una tumba), alzada a mano por los primeros pobladores de la Chazumba original (llamemos así a), esta población que se asentó en esa parte de la zona geográfica pero que quizás después “huyó” debido a la alta población en serpientes, o bien, por otros motivos (guerras, escasez, división de gobiernos) se trasladó a donde actualmente existe Chazumba.

También se comenta que el cerro Ocotlán no es la única construcción prehispánica que existe por ahí, hay quien me ha afirmado que muchos “cerros” de la zona en realidad no lo son, y que al igual que el Ocotlán, fueron pirámides cubiertas con tierra a manera de terrazas, y que luego diversas plantas (muchas de ellas con espinas) fueron cundidas para darles una apariencia natural y así proteger las construcciones y mantenerlas intactas. Que por eso, si se les ve desde cierto punto, muchos cerros de ahí mantienen una alineación tan precisa que, con cierto tiempo para pensar en ello, hace que uno invariablemente llegue a formularse varias pregunta que no dibujan apenas respuesta.

“Pruebas” de las anteriores hipótesis es el hecho de poder subir el cerro de manera casi escalonada y notar que muchas de las piedras que forman el suelo están cortadas, manteniendo bordes como piezas de construcción y viéndose colocadas de una manera horizontal que hace pensar que fue apropósito el que estén dispuestas así; los niveles en terrazas son poco distinguibles, la tierra y la vegetación no dan cabida a una percepción exacta del suelo, sus formas y niveles; pero es notable gracias a las piedras que sobresalen del suelo y que marcan el escalón de un nivel a otro.

Otro aspecto interesante es el encontrarse en cualquier punto del Ocotlán, trozos de barro de posibles vasijas prehispánicas; se les conoce con el modismo de “tepalcates”, y se hallan en toda la extensión del “cerro” ¿Son trozos de vasijas de hace cientos o miles de años o simples pedazos que la gente ha tirado para crear controversia? ¿Eran trastos cotidianos o recipientes para rendir tributo a algo o a alguien? ¿Por qué hay aún tantos y en trozos? ¿Quién las fabricó? En verdad desconozco las respuestas, pero hubo quien me dijo que hace aproximadamente treinta años se encontraban más trozos y de mayor tamaño, y raras veces se podían encontrar vasijas completas que eran de barro pero que el paso del tiempo (mucho, mucho tiempo) ya les había dado una apariencia y textura mucho más petrificada que la ideal. Y por si fuera poco, también se encontraban pedazos de piedras traslúcidas (incluso obsidiana), afiladas como puntas de flecha, puntas de lanzas o como instrumentos para provocar talladuras o cortes de diversos estilos; eso, cuando no tenías tanta suerte como para encontrar algún monolito pequeño o fósil en medio de todo ese terreno tan intratable.

Y por si no fuera suficiente, existe un punto en la cima del cerro, en el que hace varios años se encontraba una cueva (ahora ya ha sido tapada, pero aún se ve dónde era) que conducía de manera vertical, mediante un sistema de escalones hacia abajo, al interior del cerro; y es en ese lugar en donde hace mucho se podía ver el indicio de la existencia de un pequeño recinto propicio (quizás) para la adoración y realización de algún tipo de ceremonia, o meramente para mantener guardados y seguros algunos ejemplares de vasijas, monolitos, piedras afiladas o algún otro elemento. ¿Será esto probablemente el equivalente a una tumba prehispánica? Sinceramente no lo sé, pero me gustaría saberlo.

Entre los años 2010 y 2011 se inició el proyecto de construcción de la carretera que conecta a Chazumba (Oaxaca) con San Pedro Atzumba (Puebla); dicha carretera pasa a un costado del Ocotlán; y hay cierto dilema en el asunto, porque al haber “cortado” un costado de las faldas del cerro, bien podría pensarse que se derribó parte de los cimientos de la construcción que ha permanecido oculta, y que con ello se ha perdido gran cantidad de posibles evidencias que (re)escriban nuestra historia (aunque también se dice que se realizó después de un estudio minucioso que aseguraba no ser perjudicial para el cerro).

Entre ambas perspectivas, me queda un poco de incógnita debido a que la pared del cerro que se originó por la construcción de la carretera presenta diversos patrones en las capas del subsuelo (aunque esto podría ser de lo más común dada la geología de esta parte de Oaxaca), como si aún ahí continuase siendo de un origen “dispuesto a propósito” y no uno “totalmente natural”, dándome a entender vagamente que se podría tratar todavía de una base, esa sobre la cual se erigió lo que esconde el Ocotlán; pero aún así, carezco del conocimiento; y es probable que durante mucho tiempo más este secreto a voces permanezca en la atención de muchos…
Y en la verdad de casi ninguno…

Por Eduardo Robles.

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