El Sitio de Huajuapan

Era el domingo 5 de abril de 1812. El asombro y la audacia y el temor y el heroísmo, se daban cita en el pequeño poblado de Huajuapan, corazón de las Mixtecas.

Al frente de un puñado de sufridos y mal armados hombres, llegó a este lugar el sureño Capitán Valerio Trujano.

Huajuapan, el antiguo Ñudee; que en si expresa la bravura, el coraje el pundonor de sus habitantes; fue el escenario no solamente elegido por Trujano, sino destinado por la Providencia para mostrar por medio de acciones innegables e irrefutables, el poder incontenible de la fe y la fuerza arrolladora que la unión de corazones y voluntades que generan la fuerza y que casi siempre llevan al triunfo.

Ese primer domingo de abril, Trujano con alto sentido militar; aprovechando la afluencia de comerciantes y compradores; cerró las entradas y salidas de los mismos y con ellos aumentar su contingente.

Las fuerzas invasoras empezaban ya a avistarse en las alturas que rodean a Huajuapan.

Arrogante y cruel, José María Régules Villasante fue nombrado General en Jefe para combatir a Trujano; al frente del numeroso Ejercito Realista, 1,100 hombres, con 14 cañones; desde la altura de su arrogancia paseaba fulminante su mirada sobre lo que él creía una fácil presa, Huajuapan.

Régules ordenó la circunvalación del poblado de la siguiente manera:

Al Norte, en la loma del Calvario, Caldelas con un batallón de negros y mulatos.

Al Sur, Juan de la Vega, con una división.

Al Oriente, como general en jefe, Régules con su división.

Al Poniente, Gabriel Esperón.

Las copanadas tropas de Trujano ocuparon algunos sitios estratégicos dentro de la población: las bóvedas del templo, las azoteas y los canalones de las mismas, que debidamente abastecidos de pólvora se hacían detonar para con ello engañar al enemigo.

Careciendo de artillería y necesitándola, de una de las campanas del templo hizo fundir tres cañones, uno de ellos llamado “El Niño”.

La lucha se prolongaba día tras día. Trujano veía con angustia cómo las provisiones amenazaban son extinguirse. Organizó un solemne novenario de plegarias al milagroso “SEÑOR DE LOS CORAZONES”, corazón de Huajuapan.

Mientras tanto también envió un mensaje solicitando ayuda a Morelos que se encontraba en Chilapa Guerrero. Remigio Sarabia Rojas, el Indio de Nuyoo, fue el portador de este mensaje. Había que burlar la vigilancia enemiga; si la astucia del indio triunfaba, debería anunciarlo por medio de unos cohetes de luces, pues la salida se hizo de noche.

Trujano esperaba la señal, ésta no se hizo esperar, el mensaje luminoso le hizo ver la estrella de la esperanza que lo conduciría al nacimiento del deseado triunfo.

Era el día 22 de julio; la primera división de Morelos al frente de Miguel Bravo hizo acto de presencia en ésta plaza pero fueron rechazados por Caldelas.

El genio incomparable de Morelos con oportunidad matemática entró al contraataque, las huestes sitiadoras cedieron al terrible empuje y fueron devastadas.

Era el último día de la Novena que la fe de los sitiados emprendiera en demanda de auxilio al Señor de los Corazones; las campanas de la Parroquia sonaron sus lenguas mudas llevando por todas las latitudes el mensaje sublime de la victoria.

Este día 23 de julio de 1812, a la sombra de la centenaria imagen del señor de los corazones, Trujano, Nuyoo y Morelos escribieron las nunca bien cantada Epopeya del Rompimiento del sitio de Huajuapan. El más largo que consigna nuestra Patria Historia. El sitio duró ciento once días.

Trujano mereció en esta heroica defensa, que es su mayor gloria militar, el grado de Coronel.

Por: David Sanjuan

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